quinta-feira, 10 de dezembro de 2009

Revista Electrónica: Viñetas Sueltas
Edición Especial: Educación en la mira

Consejo Editorial:

Cecília de Souza Leite Floresta
Dividiane Sá Gonçalves
Elaine Pereira de Oliveira
Gabriela de Cassia José
Lucas Augusto de Oliveira
Nilson Cenair Melchiori Josepette
Priscila de Souza Oliveira
Roseli Batista de Almeida
Simone Soares Silva


Educación y violencia escolar


Afirmar que la violencia "ha entrado en la escuela" parece una
aseveración actual y acorde con los tiempos que corren. Ayer resonaban en los medios las palabras de George W. Bush: "Las escuelas deberían ser lugares de seguridad y santuarios del aprendizaje", y las condolencias mediáticas del presidente norteamericano (condolencias a la vez por las víctimas del ataque en Virginia y por el sistema escolar, que parece ya no poder contener todas las violencias, propias y ajenas, que alberga) sintonizan con ese diagnóstico. Sin embargo, podemos relativizar esa afirmación para sugerir una hipótesis diferente que, según creo, es más consistente para explicar no ya las tragedias sino el hecho atroz de que cada vez nos sorprendamos menos de que ocurran. Hablar de la violencia en la escuela, hasta hace poco tiempo, tenía una única connotación: engolosinados de teoría crítica, quienes investigamos el mundo escolar nos acostumbramos a plantear el problema de la violencia pensando en la que la escuela ejercía sobre los alumnos. Hablábamos de violencia "simbólica", de la violencia plasmada en los rituales de las formaciones, en el acallamiento de la libre expresión infantil, etc. Lo que nos preocupaba, en definitiva, no era qué violencias amenazaban a la escuela, sino, al contrario, a qué precio la escuela sustentaba sus promesas de igualar y democratizar. Los casos recientes de estudiantes armados que arremeten contra compañeros y docentes (en el secundario de Columbine y también en Carmen de Patagones) no señalan sólo una permeabilidad de la escuela a unas violencias completamente ajenas, que la han hecho víctima (también a ella), sino una reedición más de un problema antiguo, y que no tiene que ver sólo con el golpe y el disparo, sino más bien con la ley. En uno de mis últimos libros afirmábamos, junto con Daniel Brailovsky, que esas violencias cotidianas de la escuela no sólo dejaban de ser "violentas", sino que además se volvían verdaderos actos de liberación, si es que tenían lugar al amparo de una utopía, de una promesa de una vida mejor y de un mundo mejor. Pero cuando a la escuela se la despoja de esta promesa, se convierte en un mero espacio de interacciones para el que cuesta imaginar sentidos alternativos. Así como la propia idea de ley no tiene sentido sin una referencia más o menos explícita a una forma de violencia legítima, en toda forma de violencia se esconde algún tipo de dilema en el orden de la ley. La cuestión es, entonces, si la escuela es víctima de unas violencias que le son ajenas y que la acometen de súbito, o si en realidad la violencia se hace presente en la escuela de una forma tan cruda e impactante porque no ha logrado legitimarse. Ese es el desafío: volver a legitimar la escuela y entenderla como un ámbito en el que los niños y los jóvenes no sólo tengan que respetar la ley, sino que tengan derecho a formarse en ella.

Calidad de la educación en Latinoamérica y Caribe es baja, apunta BID

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) divulgó, recientemente, el informe de una investigación que revela problemas en la calidad de la enseñanza en los países de Latinoamérica y Caribe. El documento apunta que los alumnos latinoamericanos presentan un grado de instrucción y desempeño escolar inferior comparado al de los alumnos asiáticos y de naciones desarrolladas. Ese desempeño fue medido por medio de testes internacionales aplicados en todo el mundo.

En Brasil, de cada cien brasileños, entre quince y diecinueve años, más de setenta no están aptos para conquistar una buena posición en el mercado de trabajo. La evaluación analizó a jóvenes que concluyeron la enseñanza básica completa y aquellos que aún no la concluyeron. El resultado es que 43% de los jóvenes entre quince y diecinueve años en Brasil no concluyó la enseñanza básica, mientras 57% logró su conclusión, de éstos sólo la mitad tuvo acceso a la educación calificada. Aun con estos índices, el nivel de satisfacción de la población brasileña con la actual enseñanza es de 64%.

El BID explica que la población evalúa la calidad de la educación de acuerdo con ciertos criterios que desconsideran el desempeño escolar del alumno.



El secreto de la educación en Finlândia

Ya sabemos que la educación de nuestros jóvenes no vive sus mejores momentos y que llevamos muchos años sin dar con la tecla en materia de educación.

Sabemos que la educación es cada vez más obsoleta, y lo que podemos hacer para cambiar eso? Talvez devemos fomentar los niños. Sabemos que no es una tarea muy fácil, una vez que nuestros niños solamente quieren sabré de jugar todo el tiempo.

terça-feira, 8 de dezembro de 2009

La postura de los padres

Tanto para el ingreso como para la vuelta a la escuela o al colegio, es fundamental que el niño cuente con el apoyo y el ánimo de sus padres. Es necesario que se críe un ambiente familiar favorable en casa para que el niño se sienta más seguro y más apoyado para adaptarse al nuevo ritmo de vida. El comportamiento que tenga tu hijo es muy comprensible. Ellos reaccionan a los cambios del mismo modo que nosotros, los adultos. Es como cuando vamos a un trabajo por primera vez. Nos ponemos nerviosos, ansiosos, y a los niños se les pasa lo mismo, aunque lo exteriorice y manifieste de una forma distinta. Por esta razón, los padres debemos hablar con nuestros hijos acerca de la nueva situación, transmitirles confianza, pedirles su colaboración y su comprensión, y demostrarles los seguros y tranquilos que estamos de que ellos se vayan al colegio. Es necesario destacar los cambios positivos que el nuevo cotidiano les traerá, como también participar de cerca de todo el proceso, es decir, comprar los libros y forrarlos con ellos, ordenar la ropa o el uniforme, y acompañarlos al colegio por lo menos durante la primera semana.
En resumo, que los padres hablen con sus hijos de sus capacidades, ilusiones, habilidades y expectativas hacia esta nueva etapa, contribuirá a que los niños se sientan arropados y capacitados a salir adelante ante las dificultades que se les puedan presentar, fomentando así su autoestima. Lo único que no se pueden hacer los padres es exigir que todo sea perfecto y maravilloso desde el primer día.


"La tele en la vida de los niños"

La televisión se ha convertido en uno de los pasatiempos más importantes y de mayor influencia en la vida de los niños. Los niños almacenan todo tipo de información que reciben, sean de la escuela, de sus padres, de un cuento... y por supuesto, de la televisión. Por esa razón, el hábito de ver la tele todos los días esta despertando una gran preocupación por parte de muchísimos padres sobre la calidad de los contenidos que están siendo asimilados por sus hijos, como también sobre qué postura deben tener delante de sus hijos cuanto a la costumbre de ver la tele.

La televisión es una fuente efectiva para la formación de actitudes, adquisición de habilidades y la formación del comportamiento del niño. Es un medio de socialización. Los niños ven a la tele para distraerse, reducir las tensiones, y obtener información. Además, hay niños que ven la tele porque desde muy temprana edad les fue impuesta y a ellos no les queda otro remedio.

¿Culpa de los padres?

La televisión es la actividad líder de los niños. El tiempo que ellos dedican a la tele varía en función de la edad, sexo, clase social y está directamente relacionado con el tiempo dedicado por los padres. Así que los padres deben ser un ejemplo. No es justo achacar a un solo medio de difusión de información y de entretenimiento, lo que puede también ser culpa de muchos padres. Si en el ambiente del hogar los padres tienen la costumbre de ver la tele, seguramente los niños les seguirán. En muchos hogares, la televisión ejerce el papel de compañía, una especie de "niñera". Hay que estar atentos al habito de ver la tele de los niños. Es necesario conocer más profunda y particularmente su terreno, para evitar que nuestros hijos adquieran conductas agresivas, erróneas,... aprendidas por imitación. No se puede olvidar que nuestros pequeños están iniciando su formación y que todo lo que vean, escuchen, y vivan, pesará sobre todo.